Archive for the ‘ Personal ’ Category

Despedidas…

Me gustó andar de tu mano entre castillos. Me gustó escribir juntos capítulos y hacer bocetos de futuros de arcoíris.
Me gustó amarte cada día y amar lo que amabas, enamorarme de tus caminos, de tu cielo, de tus demonios, de tu mirar, de tu aroma junto al mío, de combinar despertares. Nuestros “parasiempres” que se creían eternos.
Amé las risas, los encuentros, los desencuentros, los reencuentros; amé que fueran contigo.
Cuando caía, me sostenía en tus brazos; cuando tenía miedo, me salvaba tu voz. De la oscuridad, me salvaba tu sombra, que sabía iluminar.
Me gustó andar de tu mano tantos días y tantas noches, tantos sueños y tantas realidades.
Me gustó volar juntos. Amar juntos.
Ahora, ¿me puedes soltar?

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Me estoy volviendo realidad…

Así de a poco, quizá un día amanezca y seamos tangibles.

Yo de corridito y sin pensarla

Si me pidieran escribir de mí, de corridito y sin pensarlo seguro llenaría varias páginas. Pero de incoherencias e ideas inconexas, seguro todo salpicado de faltas de ortografía y de redacción. Es que a ratos me conozco demasiado bien y a veces solita me lleno de laberintos, y pienso demasiado rápido como para poder plasmarlo todo con un poco de ilación. Y no es que todo lo que piense sea importante; la mayor parte del tiempo pienso en irreal.
En toda descripción que tengo que hacer de mí, la primera palabra que se me cruza por la cabeza siempre es mujer. Y es porque mi condición como tal ha definido muchas de las decisiones de mi vida, buenas y malas; y más que nada los miedos que me vienen por el hecho de ser mujer. La segunda palabra siempre es soñadora, porque es una de mis distinciones, lo sé yo y lo sabe cualquiera que pase un rato conmigo. Podrá notar que mi mirada se extravía por momentos y que divago entre historias, no es necesario pasar mucho tiempo conmigo para poder ver esto. Otra que definitivamente no puede faltar es “escritora”. Aunque siempre me hace titubear ya que mi oficio no es escribir y no estudié para escribir, pero, si día y noche mi mente está llena de letras, historias y personajes; no me queda otra que agregarla a mi biografía, aunque sea prístina escritora, o pseudoescritora; algo que no ofenda a los que escriban de verdad.
En este punto ya no sé que más decir sobre mí. Es que me da miedo quedarme al desnudo. Soy de las que las desilusiones se le pegan en la piel hasta que se hacen costra, pero no me la arranco, nunca me la arranco, la uso de escudo. Y no es que no confíe en la gente, me gustaría dejar de hacerlo, a la larga seguro me ahorraría esa sensación de asfixia que da cuando alguien te rompe el corazón, que por muy familiarizada que estés, nunca deja de doler. Es sólo que me he vuelto más dura, mi decisión de alejarme de la gente cuando me lastiman es tajante. Me cuentan que existe algo que se llama perdón, pero tardaría muchas cuartillas más en explicar porque lo veo tan parecido a mis unicornios.
Mi mayor gusto es escribir, porque, como mencioné al principio, a veces pienso demasiado rápido, fantaseo de más, hago castillos, entonces, me tomo un momento de la velocidad, le robo tiempo a la vida, y me pongo a plasmar los personajes que me revuelven la cabeza. O me hago cuento y me es más fácil narrarme, o te hago cuento y me es más difícil olvidarte. Así funciona esto de las letras. El caso es no dejar de escribir, porque para mí, que tengo 16 años escribiendo sería como arrancarme la existencia y sumirme en el olvido. No se me da eso de que me olviden. En este momento recuerdo la frase “es mejor extinguirse que disolverse”, que maten mi recuerdo está bien, pero que lo confundan entre otros, no. Igual la vida, no soporto estar en la vida con los brazos cruzados. Mi mayor sueño, seguir escribiendo y mi mayor temor dejar de hacerlo. Así de simple. Soy letras. Aunque a veces quisiera ser algo más. Por más cuartillas que escriba sobre mí, no terminaría(n) de conocerme, es que me transformo en cada historia, y, además de escribir, otra cosa que me encanta es aprender. Estoy en constante movimiento, permuto. De lo que no sabía ayer, quizá mañana te pueda enseñar.
Así que esto que les dejo, no es más que la estela de la estrella fugaz de lo que fui hoy, un domingo a las cuatro treinta y cinco de la tarde; y finalizo diciendo que cada que la hora tiene fracción en treinta y cinco recuerdo a Vigalondo y en cuanto termine este escrito comenzaré a cantar “a las siete treinta y cinco de la mañana…”

 

* Edición uno: el titulo debiera ser “de corridito y sin pensar lo que pienso”. También creo que debería hacer una categoría que sea “personalísimo”.

Lluvia de mí

Con ese temor de irme vertiendo en letras y después no saber por dónde me deje publico una lluvia de letras, compendio de mi twitter.

Soy de las que se ahoga en media página de letras.

Sopeando el alma en una taza de café.

Si pudiera ser algo más que palabras.

Yo sí le creo a los susurros del viento.

El día que termine de descifrarme, dejaré de escribir.

Desde mis tacones todo se ve diferente.

Por hoy soy irreversible.

Buscándole inicio al caótico rompecabezas de mis errores.

Buscando un silencio para refugiarme.

No se me da lo de olvidar y luego ando arrastrando con una cadena de recuerdos.

Me paseo por los bordes de algo muy similar a la locura.

Tengo un puñado de olvidos.

Derrochando imperfección.

Voy a salir a remar en mi medio vaso de agua.

Yo

Todavía estoy llena de espectros que me atormentan,

Y aún cargo el peso de 300 lunas dedicadas, convertidas en casi 1500 de soledad…

Con mis alas manchadas de realidad, y mis espejismos clavados en la mirada…

Perdida en laberintos de ausencia, con mis mundos extraviados, resquebrajados en silencio…

Resumida en una idea inconclusa…

Con la herida de saber mis unicornios caídos y mis sirenas ahogadas…

Usando la brevedad como excusa ante la locura que disfraza la tristeza…

Y usando la tristeza para desahuciar estrellas ya sin magia…

Y así, desnuda de ilusiones, ¿soportaras mi fugacidad?

De cuentos y personajes

Cuantas veces me he sentido espectadora de mi vida y cuantas más he querido borrarlo todo por las malas decisiones y volver a comenzar, de cero, de nada, de antes de ser. Reescribir mi historia desde el momento en que mis padres se conocieron, de cambiar las circunstancias de mi concepción. De inventarme una infancia sin carencias, de inventarme un amigo. De llenar las soledades de cuentos y personajes; y el consuelo, de anhelos realizados. De borrar las ansiedades, o tan simplemente, de dejar de imaginar.

Estoy imposibilitada para cambiar mi historia y mis ayeres, pero no para escribir. Y cuando escribo siento que escapo por unos momentos de mí y vivo otras realidades donde voy cerrando los círculos que he ido dejando inconclusos. Por eso le escribo a él… porque quizá algún día desaparezca su nombre de mis sueños, o desaparezca esa imagen de mí sin él… o nos difuminemos los dos, para volver a ser ese machón que desde siempre fuimos.

Pero a veces escapo. Escribo y me invento otros lugares, otros tiempos, viajo y conozco otros rostros.

¿Y qué hago con tantas historias a cuestas? ¿Qué hago si me voy llenando de personajes? Los mato. Los mato porque me los inventé, los mato porque son lo único que verdaderamente es mío, los mato porque son lo único en lo que se me ha permitido opinar y tomar una decisión. Los mato porque quizá otro día pueda resucitar personajes y a ellos sí permitirles empezar de cero, de nada, de antes de ser.

Entregándome

Relato tras relato me voy entregando a las letras,

me voy delineando en cuentos.