Archive for March, 2014

Secuestrado

He sido víctima de secuestro en mi propia casa. Fue tan sutil que no me di cuenta y apenas el día de hoy, como si un tren me pasara encima, me descubro en esta situación por demás penosa.

Creería que todo empezó hace 14 meses, pero creo que fue mucho más atrás, con Adriana.

Adriana era bonita, tenía unos dientes blanquísimos contrastantes con el tostado tono de su piel, cabello negro y unos ojos donde, en algún momento pensé en quedarme. Salimos durante 7 meses antes que comenzara con sus preguntas incómodas: “¿Qué somos?”, “¿Cuándo me presentas a tus padres?”, “¿Me acompañas a una fiesta?”.

Simplemente sentí que me quería echar una correa encima y tenía que salir de ahí. Le escribí una carta explicándole, muy torpemente, mis razones para no poder continuar con ella y seguí con mi vida tratando de no recordarla. No recordarla era muy difícil ya que, tratando de inmortalizar su mirada había colgado en el pasillo de mi departamento una fotografía de sus ojos.

Ahora, mientras escribo esto pienso mucho en Adriana, debí haberle dicho lo que quería escuchar, ir en Navidad con mis padres y la siguiente con los suyos; quizá ahora podría tener la libertad tan siquiera de escoger un programa en el televisor.

Pasaron algunos años, y algunas más, pero nada memorable. Hasta Sandra.

Con Sandra las cosas fueron muy diferentes, fue ella quien estando en la línea del banco me invitó a tomar un té, y después me dejó plantado. Quizá fue por orgullo que regresé al mismo banco todos los días a la misma hora durante un mes. Al mes exacto me la encontré de nuevo, me envolvió con su perfume, sus labios pintados de rojos y su minifalda. Al poco tiempo me convertí en su juguete, me traía como una pelota de un lado a otro, estaba siempre dispuesto a ella y al tiempo que quería regalarme. Hace 14 meses pregunté: “¿Qué somos?”.

Lo que pasó después, a pesar de ser durante más de un año, no lo noté. Fue como la vieja técnica del caballo de madera en Troya. Sandra llegó con una caja que dejó en un rincón del departamento, no la noté.

Después fueron las velas en el baño, bonito toque, pensé.

Y hoy, 14 meses después de mi pregunta, el caballo de Troya ha sido abierto y ha dejado a su paso cortinas, mantelitos de bambú, vasos de cristal, floreros, inciensos, portarretratos y tres diferentes vajillas que se utilizarán dependiendo el evento.

Hoy estoy secuestrado en mi propia casa, o lo que creía mi casa. No reconozco la decoración, ni el mobiliario, el frasco de café fue reemplazado por una caja de té, en el televisor siempre hay telenovelas; las harinas, la carne y las grasas son un recuerdo lejano.

Y pienso en Adriana, en todo lo que perdí por miedo a terminar así. Pienso mucho en ella y busco su imagen en el pasillo, pero ahora sólo se encuentra un clavo vacío.

http://eltelardelashistorias.blogspot.mx/2011/04/secuestrado.html

Lugar original de publicación: http://eltelardelashistorias.blogspot.mx/2011/04/secuestrado.html

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Una vez me inventé un novio…

Una vez me inventé un novio y le di mi corazón para vivir.  Me arranqué parte de los ojos para mostrarle mi mundo. Rasgué mi piel para que pudiera encarnar, le di mi sangre para hacerlo mortal.

Me inventé un novio al que regalarle mis días de comer, que me hizo llorar cada noche para darle de beber.

Una vez me inventé un novio, le pedí días a la vida para dárselos a él e intercambiamos por días de muerte para mí.

Robé una sombra para que tuviera una propia.

Quemé mis sueños para compartir el mismo vacío. Cosí mis oídos para no escuchar que era irreal. Corté mis pies para no irme de él, até mi mente a sus ojos, mis días a su respiración, mis noches a sus vicios.

Una vez me inventé un novio y me hice falacia.

A los novios inventados también les crecen alas. Y se van.

Azhul Fugaz

Me reconozco en la brevedad, en la fugacidad. Tengo historias de amor que inician un viernes en un aeropuerto y terminan un domingo muy temprano. También en un aeropuerto. Y me llevo más recuerdos en el corazón que en la maleta. Tengo muchos adioses en la memoria. Muchas miradas, muchas espaldas. Colecciono puntos finales con formas de espaldas.

Y encuentros. Colecciono encuentros en forma de encontronazos. Porque no hay otra manera de conocer verdaderamente a alguien si no es estrellando sus mundos, tan fuerte que se desbaraten, y al recoger las piezas, en el alboroto, se mezclen partes y termine yéndose uno con trozos del otro.

En esta fugacidad a veces espero un par de manos capaces de retenerme. Una mirada donde quepan mis maletas, mis espaldas, mis trozos de personajes, mi pasado, mi presente y quizá un mañana.

En las vías

A su abuelo lo atropelló un tren, desde siempre ha escuchado esa historia, pero no le da miedo.

Se oye el silbido del tren, todos los niños corren a verlo, ella con ellos. Unos corren para alcanzar a ver la locomotora; otros se ponen a contar los vagones e imaginar lo que hay dentro. Una de las niñas sostiene a su hermanito de la mano y piensa a los lugares que podría visitar viajando en él.

La abuela los toma de la mano y se le llena la mirada de recuerdos.

* * * * *

A mi esposo lo atropelló un tren. A veces lo recuerdo muy claro, como si hubiera sido ayer; otras es una memoria difusa.

Era difícil tener 4 hijos, atender la panadería, cuidar la casa; en ese entonces mi madre estaba enferma y después de cerrar cargaba a Rubencito, y tomaba de la mano a Luisa; María y Elvira con 8 y 9 años habían aprendido a cuidarse solas, me ayudaban a llevar el pan más viejo a casa. Con un poco de suerte lo cenaríamos con leche azucarada, o bien, con un poco de café.

Caminábamos dos kilómetros, cantando y contando cuentos. Seguíamos las vías del tren y llegábamos hasta donde mi madre que en ese entonces estaba enferma, limpiaba su casa y comíamos juntos. A veces llegaba Luis a acompañarnos, tomaba las ganancias de la panadería, cenaba y volvía a salir. A veces daba un beso de buenas noches a los niños, a veces.

* * * * *

Se llama María Luisa y tiene 7 años, toma fuerte la mano de su hermano, esperando que nunca le tema al tren. Todos los días debe cruzar para ir a la escuela, a ratos se aburre, quisiera quedarse en casa a jugar con su hermanito, poder trepar higueras, lanzar la pelota y ayudar a la abuela, empezar a trabajar para que ella descanse.

Cuando sea grande, viajará en tren, conocerá muchos lugares, escribirá libros de todo lo que vea y llevará a su abuela con ella. Le regalará todas las cajas de colores que quiera y nunca más hará que el tren silbe,para que no tenga que recordar que así perdió al abuelo.

La observa recordando y quisiera que fueran buenos recuerdos. Imagina todas las noches que lloró al abuelo, y la piensa enlutada durante años. Imagina el dolor de su mamá al haberle perdido un padre amoroso y le duele la pena de sus antecesoras.

* * * * *

La mayor parte de las veces Luis no llegaba. Él trabajaba en un taller, cuando salía acompañaba a sus amigos a una cantina. Nunca estaba, no estaba ni cuando llegaba a casa.

Esa noche no llegó Luis, y fue la última vez que lo extrañé. No era la primera que faltaba, pero sí la primera que todos hablaron de ello. Había salido del bar discutiendo por unas apuestas de domino, quizá muy tomado, muy enojado o muy distraído buscó el camino a casa por las vías del tren, y no lo escuchó venir. Desde entonces, no lo extraño, la tranquilidad volvió a casa.

Sigo viviendo a un lado de las vías, sigo con la panadería, los hijos se hicieron adultos y los adultos se ocuparon en ese mundo. Ahora tengo a mis nietos tan llenos de sueños.

Quiero que le pierdan el miedo al tren, cuando lo oímos silbar corremos a verlo, a contar sus vagones y formar figuras con el vapor de la locomotora. Los abrazo junto a mí para que se sepan en compañía.

* * * * *

María Luisa teme que la abuela extrañe al abuelo y le toma la mano mientras observan el tren, soñando que viajan juntas y sanan heridas.

Cuando el último vagón desaparece en el horizonte, ellas se sonríen cómplices de haberse ayudado a superar un miedo y una tristeza, que jamás existió.

Lugar original donde se publicó: http://eltelardelashistorias.blogspot.mx/2011/05/en-las-vias.html