Archive for April, 2011

Lluvia de mí

Con ese temor de irme vertiendo en letras y después no saber por dónde me deje publico una lluvia de letras, compendio de mi twitter.

Soy de las que se ahoga en media página de letras.

Sopeando el alma en una taza de café.

Si pudiera ser algo más que palabras.

Yo sí le creo a los susurros del viento.

El día que termine de descifrarme, dejaré de escribir.

Desde mis tacones todo se ve diferente.

Por hoy soy irreversible.

Buscándole inicio al caótico rompecabezas de mis errores.

Buscando un silencio para refugiarme.

No se me da lo de olvidar y luego ando arrastrando con una cadena de recuerdos.

Me paseo por los bordes de algo muy similar a la locura.

Tengo un puñado de olvidos.

Derrochando imperfección.

Voy a salir a remar en mi medio vaso de agua.

Yo

Todavía estoy llena de espectros que me atormentan,

Y aún cargo el peso de 300 lunas dedicadas, convertidas en casi 1500 de soledad…

Con mis alas manchadas de realidad, y mis espejismos clavados en la mirada…

Perdida en laberintos de ausencia, con mis mundos extraviados, resquebrajados en silencio…

Resumida en una idea inconclusa…

Con la herida de saber mis unicornios caídos y mis sirenas ahogadas…

Usando la brevedad como excusa ante la locura que disfraza la tristeza…

Y usando la tristeza para desahuciar estrellas ya sin magia…

Y así, desnuda de ilusiones, ¿soportaras mi fugacidad?

La Casa Rosa

Puedo ir más de diez años hacia atrás, quizá veinte, y la recuerdo. La casa rosa. Creo que siempre ha estado ahí, no sé si cuando llegamos estaba, o si surgió tiempo después o si apareció de repente, el caso es que sin hacer nada, la miré. Esas cosas que siempre están y un día muchos años después notas su existencia. Cruzando la calle estaba la casa rosa.

Siempre había tenido ladrido de perros, jardín y risas de niños. Todas esas cosas que reconfortan. Sonido a familia.

Hace unas mañanas salí, y sería la lluvia quizá, con esa fuerza que tiene para hacernos oler los recuerdos, que me hizo notarla. Pero ya no igual. No hay perro, ni niño que dure veinte años igual. El susurro del jardín no acalló el televisor, que mostraba algo sin importancia, de esos programas que se ponen únicamente de fondo ambiental para disfrazar el silencio.

Me di cuenta que los años pasan, que hay silencios que traen los años que cada vez son más difíciles de ir llenando; que nos vamos decolorando y sólo los olvidos quedan de compañía.

Hoy me siento como esa casa rosa que sólo va juntando grietas y un murmullo de soledades.

Marzo

Ganas de ahogar marzo en una taza de café

Después de una eternidad se acaba marzo. Un marzo que llegó presuroso y se instaló anticipadamente en mi corazón más tiempo de lo esperado.

Entre los viajes a otros años y de regreso a este conté muchos marzos más: de olvido, de ausencia, de fantasmas; y me quedé arrastrando una cadena llena de eslabones de ayer.

Me he traído un desfile de rostros y sentimientos que creía sólo cuentos.

Los recuerdos se vuelven más pesados cuando son de dos, compartirlos no los hace más ligeros, sólo más reales y este mes lo hemos dedicado a recordarnos.

Se van alargando mis despedidas y termino sin confiar en los recuerdos de memoria.

Quizá sería mejor borrar marzo de los próximos años, eliminar sus sequías y sus suspiros. Quizá sería mejor olvidar, pero la verdad eso del olvido no se me da.