Archive for July, 2010

AYER

¿Te acuerdas de las mañanas gastadas en juegos? ¿De las risas, de los concursos en mecedora y el pasillo bañado en bugambilias?

Hoy vino la melancolía a bofetearme de frente, con aroma a pasto recién regado y pan dulce en el desayuno. Con pantalones rasgados y rodillas raspadas, narices tiznadas y tardes de algarabía.

¿Te acuerdas de las grandes tazas de chocolate y las rebanadas dobles de pastel?
Del sonido del molino y el aroma a nixtamal. Los paseos por el mercado inundado de colores y ofertas; de perros en las puertas de los restaurants, los aromas, los gritos, los empujones; los pollos colgados en exhibición y las noches persiguiendo luciérnagas.

Recuerdo las burbujas de cristal llenas de arena y hormigas, y el ardor cuando mordían, mi compañero de subibaja, el columpio y las escondidas.

Los juegos, las risas, los olores, las caídas, el fútbol, los carritos y hasta las peleas; hoy fue día de recordar mi infancia al lado de mi hermano.

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Brevedad

Tu espacio permanece intacto, no lo remuevo ni con recuerdos para no manosear lo ocurrido y devenga en fantasías.

Algún instante tu aroma aletea en mi nariz y se esfuma, un destello y apareces y despareces.

Podría desmenuzar un momento para acariciar cada fragmento que me haga sentirte menos ausente, y aferrarme sólo con un suspiro a tu imagen.

Sólo puedo extrañarte fugaces segundos, los mismos que nuestras miradas coincidieron…

Y después… continuar.

Aromas de mi amanecer…

                              

El primer aroma de mi mañana es el de las sábanas, con una mezcolanza de suavitel y perfumes de hombre y mujer; a veces croquetas.

Cuando me baño, siempre tengo una regresión, el jabón neutro me llena de paz, de una tranquila y extraña paz que hace muchos años pude sentir; quizá hace más de veinte años, siempre siento que este aroma está ligado a un recuerdo feliz y tranquilo enterrado en el subconsciente donde no puedo urdir, solo alcanzar a arañar con la nariz.

Al abrir el cajón de perfumes, encontrarse con diferentes tonos florales, un toque oriental y algo maderoso al fondo, en el lado de él.

Al salir, me encanta aspirar el saludo de la mañana, la humedad que guarda el amanecer mientras el sol termina de desperezarse entre las últimas nubes.

El aroma de mi auto es sutil, perfumes que se van quedando en los asientos, el mío, el de mis amigos, a veces un poco de liquido refrigerante, pero siempre un aroma fresco que me da los buenos días.

Mi paseo de aromas termina cuando logro hundir mi nariz en una taza de café con canela, en ese momento sé que mi mañana pinta perfecta.

Luna

 

 

Ella era la dueña de la luna, ¿Por qué no? Hizo muchas preguntas y no logró encontrar al dueño. Las estrellas sí tenían dueño y nombre. Pero la luna, era como si nadie la hubiera notado, nadie la reclamó. Entonces se autonombró dueña de ella.

La regaba cada noche con sueños, y la extrañaba de día. Notaba que a veces enfermaba, le veía un color amarilliento, y le contaba cuentos durante horas hasta que ésta mejoraba.

Y se desvelaba escribiéndole cartas:

Luna, ¿qué tienes que me haces soñar?
¿Qué tiene el cielo que me hace voltear cada mañana y cada noche?
Y puedo pasar las noches en vela, contando los lunares de luna,
Cazando sueños quemados, que caen…
Sorbiendo el rocío, acariciando la noche.

Un día sus sueños y cuentos le parecieron insuficientes, tomó una cámara y comenzó a coleccionar lunas: luna menguante, creciente, llena y luna nueva que irremediablemente le llenaba de energía.

Dos años estuvo atada a la luna y sus ciclos, prometiendo sus letras a ella y recopilando paisajes de ésta.

Su arte era tan prometedor que decidió entrar en un taller para compartir letras, en su primera lección la maestra instó a escribir a la principal musa de los escritores: la luna.

Se sintió traicionada. Comenzó a contar los cuentos e historias a la luna y perdió la cuenta cuando eran tantos como estrellas. La luna dejó de parecerle tan especial.

Tiró todo y comenzó a preguntarse ¿de quién será el mar?