Archive for April, 2006

Anciana Infantil

¿Cuántos años crees que soy mayor que tú?

Y te quedas sin respuesta,

porque no sabes si basarte en mi sonrisa de infante

o en las lágrimas milenarias.

¿Cómo se calcula la edad del alma?

Por las cicatrices, por las vivencias, por los recuerdos…

Niña, joven, adulta, anciana…

¿En qué parte del alma basarte?

¿Qué parte del corazón escuchar?

Porque estoy formada de sueños, de vida, de pasado,

de presente y una pizca de futuro.

¿Qué edad crees que tengo?

Te pregunto con una sonrisa coqueta,

con ojos de niña perdida

con una herida de siglos,

con un sueño infantil,

con un orgullo raído.

Infidelidad

– Yo jamás te perdonaría una infidelidad
– Yo sí – contestó Ana Laura y sonrió con sus labios rojos llenos de sinceridad – las que quieras.
 
En esos momentos Daniel lo supo, ella le era infiel. Por que la única manera de no juzgar una mentira es cuando uno mismo la vive.
 
A partir de ese día, no volvió a dormir con tranquilidad, ni encontrar paz; por el contrario, sus noches eran largas preguntándose ¿Con quién? ¿Cómo? ¿A qué horas? ¿Por qué? Y sin encontrar una respuesta satisfactoria, trataba de recordar indicios, alguna dudosa cancelación de cita, algún titubeo en sus explicaciones, alguna caricia inconclusa, alguna mirada furtiva al reloj.
 
La olía intentado encontrar alguna fragancia distinta, la acariciaba con temor a ser peor que el anterior, la besaba sintiendo que besaba a otro y  la escudriñaba con la mirada y trataba de adivinar la causa de cada una de las arrugas de su ropa, contando las que se hacían al sentarse e imaginando cuales sería por habérsela arrancado. 
¿Qué moteles serían testigos de los encuentros? ¿Cuáles de las caricias que él había gozado eran disfrutadas ahora por otro? En que lugares se reunirían, o quizá tendría una casa para él solo y en ese caso tendría la respuesta al por qué; porque él si tendría algo que ofrecerle.
 
Y se recriminaba. Se recriminaba por tener sueños sin cumplir y un trabajo de “por mientras” por no tener una casa grande, por no darle más regalos, por no vestir de etiqueta, por no tener tiempo, por no haber alargado sus estudios hasta un doctorado, por no haberle comprado el conejo, por la fiesta de la tía Lourdes a la que faltó, por no cuidarle al sobrino y por ser un poco chaparro.
 
Comenzó a acosarla con preguntas, a buscarla a horas distintas para intentar descubrirle a su amante, a marcarle a varias horas del día y a preguntarle por sus llamadas.
 
Una noche que regresaban de contar estrellas Ana Laura le dijo:
       – Yo no te perdonaría una infidelidad – Daniel la miró sorprendido y ella continúo – dije que te perdonaría porque no te creí capaz pero como me entere de que es por otra por quien has estado comportándote extraño te dejo de hablar inmediatamente.
 
Entonces Daniel suspiró y le sonrió porque se veía aún más bonita bajo la luz de luna, porque era un tonto y porque esa noche, al fin podría dormir.

Celos

Tranquilo corazón,

no latas en desenfreno por fantasmas inexistentes,

no derrames lágrimas en vano.

¿Puede alguien culparme de celarte del ayer,

si antes de conocerte te añoraba,

si te amé desde el primer beso?

Amándote tanto, ¿Pueden culparme de encelarme de los labios antes de mí?

Tranquila, desanuda el estomago y deshazte de los sueños,

que los sueños lastiman.

Tranquilo corazón vuelve al ritmo normal,

vuelve a respirar,

deja de llorar.