Archive for February, 2006

“Para que nadie te haga daño”

“Ayer me dijo un ave que volara

por donde no hay ardor

que lo sufrido no resucita en sueños

y en rezos nunca murió”

 

Encendió un cigarro y dio una profunda calada, como si fuera la última, como si de ella dependiera su vida o su muerte; cualquiera de las dos cosas que él deseará en se momento. La canción tenía puesto ‘repetir’ y se tocaba una y otra vez.

 

Exhaló el humo.

 

Tomó el teléfono y marcó un número, dos timbrazos, un hola lejano y colgó.

 

Una historia de por más contada.

 

–          ¿Alguna vez te has enamorado? – La melodiosa voz  resonaba en su mente y no sabía si era un recuerdo o parte de un sueño mientras dormitaba con el cigarro aún encendido.

 

La respuesta: Una vez. Hace muchos años, cuando todo lo creía posible, cuando soñar era gratis y no pagabas con heridas al corazón. Hace muchos años, cuando enamorarse no era temerlo todo y no debía andar a la defensiva.

 

Y todos los recuerdos volvieron en tropel impregnándose aun más que el aroma a tabaco.  El aroma de otro hombre en el cuerpo de quien amaba.  Una ambigua carta de despedida, cobardía.  Llamadas sin respuesta.

 

Y la canción seguía repitiéndose:

 

“Que saque el aire de mis ojos

que abrace al miedo con tu sueños

que sea un guerrero de sangre

para que nadie te haga daño”

 

Sueños rotos y muchas lágrimas.  Luego fallas en el corazón, un caso severo de insensibilidad y un deseo de ahogar el dolor en brazos de mujeres; de todas las que cayeran en su historia de tristeza y le acompañaran una noche o dos. Nunca más.

 

Convirtiéndose en su propio saboteador sin amar, ni dejarse amar. Hiriendo por temor a ser herido.

 

Hasta que conoció a ella. Y pasaron una noche juntos, y otra, y otra y otra más. Rompiendo su propia regla se volvió a enamorar.

 

 

“Ayer me dijo un ave que volara

hasta desintegrarme

que la distancia no es cansancio

es fuerza, eres tú”

 

Luego una semana perdido. Sin buscarla, sin siquiera cruzarse en su camino, evitándola a toda costa. Cualquier cosa para no volver a caer en el dolor, ni siquiera vale la pena arriesgarse.

 

Pero se la encontró.

 

–     Si me has olvidado por lo menos ten pantalones para avisarme que esto termino.

 

Siempre tan franca, tan franca y hermosa. Ni siquiera en ese momento se había atrevido a contestarle, porque no tenía respuestas. Conociéndose sabía que si ella no lo mataba de amor, él lo haría.

 

–          Espero me llames este fin de semana, si no, sabré que terminó.

 

En unas horas terminaría el ultimátum y aún no tomaba una decisión. ¿Quedarse? ¿Arriesgarse? ¿Amarse? ¿Lastimarse?

 

Todo lo que sabía de relaciones hasta ahora era solo de dolor.

 

 

“Que saque el aire de mis ojos

que abrace al miedo con tus sueños

que sea un guerrero de sangre

para que nadie te haga daño”

 

Continúo fumando sin encontrar sentido a su vida, ni a la canción, ni al hecho de estar ahí a mitad de la madrugada pensando.

 

Finalmente llegó a una conclusión, la amaba, en verdad la amaba.

 

Tomó el teléfono y la canción tocó sus últimos acordes:

 

“para que nadie te haga daño

para que nadie te haga daño

para que nadie te haga daño”

 

Entonces reflexiono, él era demasiado etéreo para estar a su lado.

 

Y la frase, “para que nadie te haga daño” cobró sentido.

 

– Para que nadie te haga daño, ni siquiera yo.

 

Colgó.

 

Dio la última calada, tiró la colilla al bote y se durmió.

 

Música: Caifanes, Ayer me dijo un ave.

Antes de Olvidar

Atiende un momento memoria, antes de olvidar escribe un poco. No borres de repente los recuerdos que me están construyendo.

Permite llevar una lista de los regalos que me has dado, permíteme pensar en los besos que he dado disfrazados de robados.

Y no me quites los rostros, ni los nombres de quienes me han acompañado, no te lleves los aromas, ni las caricias, ni las sonrisas, ni las lágrimas.

No me traiciones memoria, ¿De qué color era mi vestido? ¿A qué se sabían sus besos? ¿Qué música tocaban? ¿Cómo era el lugar?

Irremediablemente lo olvidaré algún día. Pero quiero voltear atrás y al ver los remanentes, sonreír.

Un último favor, escoge sabiamente, no te lleves las caídas que me han hecho crecer, ni me dejes olvidar a quienes me han amado.

Todo lo demás, es tuyo y del tiempo.