Archive for January, 2006

Nunca Jamás

 
Al país de Nunca Jamás,
dónde los fieros piratas me atacan
me secuestran los sentimientos,
me encierran en tristeza.
El único escape es volar,
polvo de hada y un pensamiento feliz…
 
             ¿Dónde encontrar un pensamiento feliz?
 
Y así pasó la noche…
 
Ahogada en recuerdos, sin encontrarlo.
 
No tengo pensamiento feliz.
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A través de los Sentidos

La vida se siente y se construye a través de los sentidos. Con recuerdos en base a aromas, texturas, sentimientos, caricias, sabores, melodías, susurros… unas personas percibimos lo que otras no, y no por ser mejores; sino diferentes. Unos escuchan lo que otros no, otros huelen, otros sienten, observan o saborean. Diversas maneras de tomar la vida y de vivirla.

El sentido en el que menos confío es la vista, aunque también es uno que me brinda muchos placeres. Ver un amanecer o un anochecer, esos momentos en que parece que el tiempo se detiene un segundo mientras el sol en tierna caricia saluda o se despide tiñendo el cielo en su totalidad. Sin embargo la vista se engaña fácilmente. Los espejismos y las fantasías viven gracias a la debilidad de la vista.

 

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Tomás gusta de pintar, de tomar café en algún lugar no muy concurrido, leer el periódico y ver las noticias.  Desde muy pequeño le gusta estar informado de todo lo que pasa en el mundo, ya que considera que es la única forma en que puede conocer un poco de todos los lugares que le gustaría visitar.  Su defecto, por llamarlo de algún modo, es su sensibilidad; últimamente conocer lo que sucede en el mundo no es reconfortante, hay demasiada violencia e historias que le deprimen.

 
Es lunes, y los lunes Tomás va a una cafetería a leer un poco y pensar el tema sobre el cual le gustaría pintar. Pero la verdad es que lleva así varios meses, sobreviviendo de lo que su última (y no muy exitosa) exposición le dejó. De pronto, tras la ventana ve una cabellera castaña, una piel radiante, una mirada melancólica; ¡eso es lo que quiere pintar! Sus ojos de pronto toman un brillo inusitado, deja sobre la mesilla el importe exacto del café (no está para dejar propinas) y corre a la puerta cuando una voz lo detiene, la camarera le da una mirada dura mientras dice:
 

— – El periódico es del lugar.

 
Distraído, Tomás no había soltado el periódico y lo apretaba cerca de su corazón. Lo coloca en la barra, se disculpa con una mueca y sale en búsqueda de la mujer. La calle es caótica, autos, el sol en el cenit lo ciega, la gente va apurada. Busca y no encuentra.

 

Tomás se sienta en una banca como derrotado, siente haber acariciado la inspiración y haberla perdido en solo un instante, maldice a la camarera y se va a casa.
 

Pasa una noche insomnito, pensando en la mirada deslavada, los cabellos revueltos, los labios en un rictus de tristeza, ella debía tener una historia que él podía contar con el pincel.
 

“Carlota tal vez, Anastasia o algún nombre casi olvidado que su presencia pueda resucitar “– piensa en cómo podría llamar la obra que pinte con su modelo- “o quizá una nueva Eva, que muestre en su rostro la fragilidad de la mujer, algo en que Eva no sea la figura del pecado, sino una inocente seducción; con esos ojos podría ser pintada como una víctima”
 

A ratos muy pequeños, duerme, y entonces revivía el momento tras el cristal, un poco encima de las letras moradas que anunciaban capuccino y café caliente, en que apareció ella, como visión celestial.
 

Los días se tornan lentos y Tomás se entrega a un encierro, haciendo trazos de memoria y pintando sueños en acuarela.
 

Pasan varios lunes sin volver al lugar, Tomás ha terminado algunas pinturas con un tema en común; la mirada lacónica. Pero su Eva seguía incompleta, faltaba algo y no podría saberlo hasta ver a su modelo.
 

Saca sus últimos ahorros y sale apresuradamente hacia la cafetería.
 

Se instala frente al ventanal, más o menos a la misma hora que la vez anterior, pide un café y espera.
 

No hay castañas cabelleras, ni piel blanca, ni ojos grandes, no está su musa. Otra noche de batalla perdida.
 

La obsesión de Tomás crece a tal punto que repite sus lunes todos los días de la semana. Vela la cafetería con la salida del sol y se acuesta junto con él; pero no a dormir sino a imaginarla, pensar que tristeza podría tener, la delicadeza de sus manos, el por qué de su misterio y más importante, ¿Dónde encontrarla?
 

Es otra noche y Tomás esta triste, no puede seguir gastando el dinero en cafés durante todo el día, quizá por ello la mesera lo ha tratado más condescendientemente y le ha permitido estar durante varias horas sin consumir.
 

Ella le mira ensimismado en una ventana que no muestra nada del otro lado para tratar de alegrarlo le dice: – Parece que ella otra vez no ha podido llegar a tiempo, no te preocupes, mañana lo hará.
 

– El problema es que no sabe que la espero.
 

La mesera ríe alegre y Tomás voltea…
 

Sin esperarlo, ahí está. Es ella.
 

Sus cabellos despeinados por largas jornadas, su piel blanca y reluciente, sus manos pequeñas con algunos callos por el trabajo, solo su mirada es distinta: cansía pero alegre, no está la melancolía que intentaba capturar.
 

Apenas puede hablar.
 

– – Disculpa mi descortesía, Tomás, mucho gusto.
 

– – – ¡Hola! Yo soy Ana, te he visto los últimos días en el lugar ¿buscas algo en especial?
 

Tomás no puede pensar claramente, se había engañado el mismo, su musa estuvo siempre dentro del lugar y no fuera ¿cómo pudo no darse cuenta de que había sido un reflejo?
 

–  Hola… ¿estás ahí?
 

Tomás sonríe. Las noches extrañando una mirada que no existía más que a través de un reflejo pierden sentido, al igual que las horas postrado en espera de algo que tenía justo ahí.
 

Espejismos.
 

Él se levanta, da las gracias, toma el saco de la silla, paga el café, deja propina y marcha a casa decepcionado; pensando que había pintado una ilusión, un intangible.
 

En el camino piensa las ventajas y desventajas de pintar espejismos y en melancolía decide buscar un empleo, ‘uno de verdad’ como alguna vez sus amigos le habrían mencionado. Al llegar ve a su Eva, su dolor en la mirada al haberle culpado de todos los males solo a ella, observa a su Carlota, emperatriz sin corona, en muecas de vacío demencial; sus pinturas muestran sentimientos reales, no quimeras, no importa si su musa fue un error, el resultado es excelso.
 

Y volvió a pintar.