Archive for December, 2005

Aroma a Ayer

No puedo creer que aún después de tantos años haya encontrado aquél viejo pretexto para verte por primera vez, tan azul todavía que parecería nuevo; como si los años jamás hubieran pasado, como si la historia jamás hubiera ocurrido.

Más sorprendente encontrar todavía aquel viejo aroma tan lleno de recuerdos, tan solo un cuarto de botellita capaz de hacerme sentir frío de nuevo, no solo en el cuerpo sino en el alma.

Y al aspirar un simple perfume, cuya escencia debería haberse perdido por los años, todo sigue intacto; en contra de la lógica, no se evapora.

Me he cansado de escribirte y evocarte, de decirte que te olvido y recordarte de nuevo; de despedidas que no son y de cartas tras cartas y cartas que ya ni siquiera duelen ni me hacen sentir. Como un fantasma, un recuerdo en pausa, un cuadro sin pintar, un poema sin escribir, una historia sin final.

Solo una cosa podría hacerme olvidar, saberte bien. Saber que estás tan bien como yo, saber que seguiste, volverte a ver para sin rencores podernos decir finalmente adiós… te espero. Te espero con un adiós en el alma, deseando poder dártelo en persona.

 

Melancolía

 
 

Para dormir la memoria necesitaría algo más que un sedante, pues ni el más profundo de los sueños lograría desprenderme de los recuerdos.

El insomnio eterno de mi subconsciente me mantiene en desvelo eterno. No puedo siquiera elegir entre mis recuerdos, olvido lo que deseo retener y recuerdo lo que más duele.

Y con tan recurrentes e inevitables evocaciones me mantengo en ensoñación, dudando si alguna vez he vivido o estoy construida en base a ilusiones insertadas en momentos de descuido.

¿Quién dibuja los límites entre la verdad y la realidad?

¿Quién me dice que mis recuerdos no son compartidos con otras almas?  ¿Y si mi vida fuera solo un patrón a repetir, y yo fuera como tantos más?

¿Y si yo no soy única?

Mejor sigo en la melancolía, aferrada a momentos especiales, que quiero pensar, han sido solo míos.

Mejor que mi memoria continúe en esa función de traerme caricias viejas, susurros casi olvidados, rostros desdibujados.

 

Año Viejo

Si tuviera que dar un personaje al año que se va, no sería el viejito afable que suelen utilizar en estos casos. Antes que nada, mi espíritu feminista exigiría una mujer. Sería de cabellos largos y despeinados por los 360 días que lleva existiendo y trabajando sin descanso alguno. De uñas mordisqueadas con restos de un esmalte gastado. De mirada cansía con expresión dura. Desganada y de ojos enrojecidos.
Así fue el año.
Emocionalmente extenuante.
Y todavía al dar sus últimos pasos tropieza y me hace llorar de nuevo.
Un año de despedidas, de emoción, de llanto, de risas… un poco más doloroso que los anteriores, pero tan lleno de lo que la vida es: sentimiento.
Estoy preparada para despedirlo, tomar mis nuevos aprendizajes y estar lista para lo que viene…

Otro de sueños irreverentes

Endulzo mis días con sueños azucarados,
juego con ilusiones a colorear mi futuro;
donde mi principal diversión,
es entretejer historias.

Como si las letras me abrieran camino,
y encontrara en ellas respuestas
a algo tan complicado como vivir.

Soñando que se puede existir en cuentos
o cambiar la vida como el borrador de un poema.

La noche es testigo de mis sueños,
la luna silenciosa ilumina mis escritos desgarrados
por inútiles intentos de inmortalidad.

Me enfrento a realidades que no logran despertarme
de este semisueño en que nací;
de estos absurdos que me hacen creer que sé escribir.

Y sigo soñando en rosa,
embriagada en cuentos maltrechos
esperando por un lector ciego
o un golpe de realidad,
lo que llegue primero,
lo que más pronto, mate este insulso sueño.

Recuerdos

Hay recuerdos muy personales, memorias que solo permanecen en una o dos mentes como un secreto implícito.

Historias que se remembran al ver unos ojos verdes, saborear un platillo, escuchar el estribillo de una canción, incluso un día a la semana o un número coincidente con un aniversario.

Aun así, las ventajas de tener un diario son muchas. Pues puedo no contar lo que hago cada día, pero menciono frases que inherentemente traen consigo cuentos, aromas, nombres, sabores, lugares, caricias, magia.

Y cuando lo leo me transporto de manera inmediata a aquél campo cubierto de estrellas, de luna azul tiñéndolo todo, de caricias furtivas, de susurros de viento a través de los árboles; o trayendo mil historias más.

Viajo a través de mis letras a mis propios recuerdos, donde puedo volver a sentir la emoción de un enamoramiento o la tristeza de un final amoroso. Y puedo seguir divagando y me seguiré encontrando en estas letras que se revisten de sentimientos. Seguir escribiendo en claves que muchas veces, solo yo seré capaz de entender, y otras tantas, que solo tiempo y destino descifrarán.

Cuento de Navidad

Falta una semana para Navidad. En las calles la puedo oler, que en realidad no es otro aroma que el de leños ardiendo en las pocas chimeneas que han sobrevivido a los avances de la tecnología. Y no me mal entiendan, no tengo nada en contra de la tecnología, me gusta. Echo mano de ella para que me ayude a adornar mis Nochebuenas. Por ejemplo, el vecino Carlos viene cada año a ayudarme a poner las luces, ¡que espectáculo! Cientos de luces como tintineantes estrellas a merced de mis caprichos.

Dentro de casa me gusta ser más tradicional. Mis nietos me ayudan con el pino. Un viejo árbol cuyas ramas ya cansadas por los años se doblan con el peso de los adornos. Mis nietos ofrecieron regalarme un pino de algún tipo de fibra, pero; ¿no sería como aceptar que lo viejo ya no sirve y es desechable? Personalmente esta afirmación no me conviene.

Lo que más me gusta de esta época es poner el nacimiento, instalar un bonito pesebre, ángeles, animales y la sagrada familia. Revivir un momento que nos hace creer a todos en todos, aunque sea un poco. ¿No solíamos de niños buscar en el cielo de la nochebuena un trineo? ¿No solíamos colocar un zapato para los reyes magos y nos dormíamos en espera de ellos? ¿No solemos en estos días retomar sueños y hasta volvernos caritativos? ¿No buscamos esperanzados esa imagen del niño que trae buenas noticias para todos, amor y paz?

Me gusta la Navidad.
Esta es la última que paso con mis hijos y nietos. Por que Navidad es también de reencuentros. Y este año he extrañado a mi viejito más que nunca. Nadie disfrutaba tanto de mi pastel navideño como él; ya nadie me toma del brazo al buscar regalos, o calienta canela mientras envuelvo calcetas compradas, por que la vista ya no me permite tejer y mis dedos se han vuelto torpes con los años. Nadie me mira tras unos anteojos con ojitos perdidos en nubes de edad diciéndome que aun soy lo más bello. Y cuando todos se abrazan y besan de Feliz Navidad, mis brazos extrañan los de él, su abrazo; que ya era débil pero aun me sostenía ante todo.


Navidad es también reencuentro, disfrutaré de está por que es la última cena Navideña de este tipo. Rodeada de luces, adornos, pinos y nacimientos.
Para la próxima, volveré a estar en sus brazos.
Una sabe cuando estas cosas sucederán, y sonrío esperando ese momento.

Noche de invierno

Hace frío y mi mirada se pierde en el crispar del fuego y las estrellas,

Son de los últimos momentos que pasaré con mis amigas,

Sé que los ciclos se cierran.

Sé que lo que empieza tiene un final y que mis historias por más incompletas que las deje, concluyen.

Todo lo que empieza termina.

Y aun sabiendo esto, me duele. Me duelen los finales y los adioses.

Me hieren los recuerdos y la melancolía.

Tomo una fotografía mental del momento, sus rostros polvientos y sus narices quemadas por la fogata, los sonidos de la noche, las risas y las historias; que al final de la noche, será todo lo que me quede.